martes, 17 de septiembre de 2013

La guía de los signos de puntuación: los errores más comunes, explicados

Muy a menudo, cuando nos olvidamos de lo importante que es y descuidamos nuestra escritura, la primera en salir perjudicada es la puntuación. ¡Qué complicado es entender un texto mal puntuado, y qué trabajoso leerlo!
Amén de las indicaciones de la Real Academia Española al respecto, es muy útil el libro de José Antonio MillánPerdón, imposible. Guía para una puntuación más rica y consciente (RBA Libros, 2005). En el prólogo al práctico manual, Millán recuerda una anécdota que ha proliferado en los ambientes escolares de boca en boca con el fin de demostrar lo importante que es puntuar bien. Merece la pena reproducirla.
Atribuida a Carlos V, aunque a veces figura referida a otros reyes, la anécdota cuenta que al emperador se le dio para ser firmada una sentencia que decía lo siguiente:
Perdón imposible, que cumpla su condena.
Sin embargo, al monarca le pudo su bondad y antes de devolver la sentencia firmada, cambió la coma de lugar, dejando la frase así:
Perdón, imposible que cumpla su condena.
Una coma –o ni siquiera: ¡la posición de una coma!– salvó a un hombre nada más y nada menos que de la muerte. Millán recoge atinadamente la historieta, que figura en el prólogo de su libro, para recordarnos lo fundamental que es puntuar bien.
Coma
Del griego comma, ‘trozo, corte’: la coma es la pausa más breve que podemos marcar en un enunciado. Hay muchas ocasiones en que, sin embargo, no debemos usarla. Por lo general (aunque hay excepciones) no debemos poner una coma antes de la conjunción yDesde luego, cuando ésta liga el último término de una enumeración, la coma sobra:
Trajo muchísimas cosas a la fiesta: vino, patatas, galletas, pistachos, y postre.
Además, tampoco debemos incurrir en un error frecuentísimo: el de instalar una coma entre el sujeto y el verbo de una oración. Es habitual verlo escrito, pero es incorrecto y revela una puntuación deficiente.

Todos los hombres, merecen un trato social no discriminatorio.
Hay quien ha reivindicado su uso cuando el sujeto de la oración es muy largo y el cuerpo nos pide una pausa, pero no debemos olvidar que la puntuación escrita no es una transcripción literal de las pausas que hacemos al hablar. Como escribió María Moliner, “ni todas las pausas con que se modula el lenguaje hablado se transcriben en el escrito, ni todas las pausas que se representan con comas (…) se hacen siempre en el lenguaje hablado”.
Punto y coma
El punto y coma es el gran olvidado de la puntuación, pues su empleo es muy preciso y a veces resulta complicado saber cuándo debe usarse exactamente. Sin embargo, tampoco hay que forzar: a veces intentamos escribir un punto y coma, precisamente por su originalidad o porque nos parece signo de una escritura elevada, y el resultado no es sino un fracaso estrepitoso.
Un buen ejemplo para ilustrar su uso nos lo ofrece la siguiente frase de Baroja:
Tengo que hablar de mí mismo; en unas memorias es inevitable.
Una coma habría sido demasiado leve, pero la estrecha relación entre las dos oraciones también dificulta el uso del punto.
Dos puntos
Los dos puntos sirven de entrada a las enumeraciones, a las explicaciones y a las ampliaciones. Así la utiliza Cortázar:
Nuestro reino era así: una gran curva de las vías acababa su comba justo frente a los fondos de nuestra casa.
Además, las citas literales se anteceden también con dos puntos. Tras ciertas expresiones que recapitulan o introducen un nuevo tema (por cierto, ahora bien…) podemos, asimismo, usarlos.
En el encabezamiento de cartas o correos electrónicos nuestra tradición utiliza el uso de los dos puntos aunque, por influencia del inglés, cada vez es más frecuente hallar en ese lugar una coma.
Podemos ilustrar la diferencia entre el punto y coma y los dos puntos(cuya pausa es más o menos equivalente en cuanto a la duración) con una corrección que realizó Borges sobre una frase de su texto «El Aleph», y que Millán reseña muy atinadamente. La oración inicial decía así:
—[…] Es mío, es mío; yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar.
A partir de 1974:
—[…] Es mío, es mío: yo lo descubrí en la niñez, antes de la edad escolar.
Como se dice en Perdón, imposible: “El matiz es importante: en la primera versión la propiedad y la historia del descubrimiento son hechos independientes, aunque relacionados. En la segunda hay un enlace causal entre ambos: el Aleph pertenece al personaje porque se lo encontró hace mucho”.
Es incorrecto, finalmente, el empleo de los dos puntos entre una preposición y los sustantivos que la siguen, como en el siguiente ejemplo:
Acudieron a la presentación actores de: la industria del cine, el mundo del teatro y la televisión.
Puntos suspensivos
Su utilización apenas ofrece dudas, pero sí es importante recordar una cosa:los puntos suspensivos son tres y sólo tres. Utilizar más (salvo que vayan acompañados del punto de una abreviatura) es incorrecto y revela una escasa cultura.
Punto
En un principio el punto se utilizó para separar las palabras, pero los gramáticos de los siglos IV a VIII empezaron a emplearlo para señalar las pausas. Es curioso que la altura a la que se escribía el punto era variable:cuanto más alto se marcaba el punto, más larga sería la pausa. Tal vez sea uno de los signos de puntuación que menos dudas suscita, aunque nunca están de más algunas apreciaciones.
Al final de los títulos o después de los signos de cierre de admiración y exclamación no debemos poner punto alguno. En el caso de las comillas de cierre, el punto sí debe incluirse, siguiéndolas a ellas; lo mismo sucede con los paréntesis o las rayas.
Lo más frecuente en la actualidad es que las siglas no lleven punto (escribimos IVA y no I.V.A).
Como se indica en el Diccionario Panhispánico de Dudas de la RAE, se escribe punto detrás de las abreviaturas, “salvo en el caso de aquellas en las que el punto se sustituye por una barra”, como es el caso de calle, cuya abreviatura es c/Cuando una abreviatura coincide con el final de una oración, su punto se fusiona con el de ésta. No obstante, “los otros signos de puntuación (…) sí deben escribirse tras el punto de la abreviatura; por lo tanto, si tras una abreviatura hay puntos suspensivos, se escriben cuatro puntos”.
Las abreviaciones de las unidades de medida (m, km, l) y los nombres de los libros de la Biblia (Gn, Ex) no son abreviaturas, sino símbolos, por lo que debemos escribirlas sin punto.

lunes, 9 de septiembre de 2013

El blog para preparar el "writing"

El blog para preparar el "writing" de la Escuela Oficial de Idiomas

Aquí encontrarás las claves para aprobar la prueba de expresión escrita de inglés de la EOI.

martes, 20 de agosto de 2013

Televisión - TV sin contexto - Haz clic para encenderla o cambiar de canal.



Hay cosas que me sorprenden en internet, pero esto! esto!!, no sabría como definirlo, me ha roto!! :)
Busca el canal del gato! ^_^

domingo, 18 de agosto de 2013

Refuerzo positivo: 9 cosas que no deberías decirle a tu hijo

Aprende qué frases evitar de tu vocabulario y cómo hablarle a tus hijos para que realmente te escuchen.

niña haciendo puchero refuerzo positivo

Estaba intentado hacer dos cosas a la vez -cocinar mientras lidiaba con algunos papeles del trabajo en la habitación de al lado. Había sido interrumpida doscientas veces con pedidos de aperitivos, gritos sobre la pintura al agua derramada, preguntas acerca de lo que les gusta comer a las ardillas y diferentes argumentos sobre si las nubes podrían ser de color azul y las flores de color verde. ¿Y mencioné que una hernia de disco en la espalda me dolía aún más que mi cabeza? Aún así, nada puede justificar mi comporamiento esa tarde. Estallé como el monte Momsuvius: “¡Basta! ¡Salgan! ¡Dejen de molestarme!” La mirada en la cara de mis hijos lo decía todo. Los ojos de la de 2 años se ampliaron. El de 4 años de edad, frunció el ceño y clavó su dedo entre los labios. Inmediatamente me hubiera gustado meter las palabras de lava caliente de nuevo en mi boca. Desde luego, no habían venido de mi corazón o de mi mente.Todos decimos las cosas mal a veces, dejando a nuestros hijos sentirse heridos, enojados o confusos.
Si continuas leyendo conocerás algunos de los pasos en falso verbales más comunes que las mamás y los papás hacen, y las alternativas más amables.

1) Por qué no debemos decir: “¡Déjame en paz!”

Un padre que no anhela un descanso ocasional es un santo, un mártir, o alguien que está tansobrepasado que se ha olvidado de los beneficios de recargar las pilas. El problema es que, cuando habitualmente dices a tus hijos: “No me molestes” o “estoy ocupado”, se internaliza ese mensaje, dice Suzette Haden Elgin, Ph.D., fundador del Centro de Estudios de Idiomas Ozark, en Huntsville, Arkansas. “Los niños empiezan a pensar que no tiene sentido hablar contigo porque siempre estás tratando de quitártelos de encima.” Si configuras este patrón cuando sus hijos son pequeños, entonces pueden ser menos propensos a decir las cosas a medida que envejecen.
Desde la infancia, los niños deben adquirir el hábito de ver a sus padres tomarse un tiempo para ellos mismos. Usa válvulas de liberación de presión – ya sea contar con la niñera, pedirle a tu pareja o a un pariente para que cuide de los niños, o incluso el colocar a tu hijo delante de un vídeo de modo que tú pueda tener media hora para descansar y reagruparse.
En esos momentos en los que estás preocupado (o estresado, como yo cuando exploté con mis hijas), resulta necesario configurar algunos parámetros de antemano. Yo podría haber dicho: “Mamá tiene que terminar una cosa, así que necesito que pinten en silencio durante unos minutos. Cuando termine, vamos a salir a la calle.”
Sea realista. Un niño de 2 y otro en edad preescolar es probable que no sepan divertirse solos durante una hora entera.

2) Por qué NO debemos etiquetar a nuestros hijos

crianza respetuosa y educación conscienteLas etiquetas son atajos injustos para los niños: “¿Por qué eres tan malo con Katie” O “¿Cómo puedes ser tan torpe?” A veces los niños nos escuchan hablar a los demás: “Ella es muy tímida.” Los niños pequeños creen lo que escuchan sin lugar a dudas, incluso cuando se trata de ellos mismos. Así, etiquetas negativas pueden convertirse en una profecía autocumplida. Thomas recibe el mensaje de que la maldad está en su naturaleza. “Torpe” Sarah comienza a pensar en sí misma de esa manera, lo que socava su confianza. Incluso las marcas que parecen neutrales o positivas – “tímido” o “inteligente” – encasillan a un niño y lo colocan en un lugar innecesario o generan expectativas inadecuadas sobre la criatura.
Las peores etiquetas pueden tocar muy hondo. Muchos padres pueden, aún vívidamente y con amargura, recordar cuando su propio padre dijo algo así como “Eres tan inútil” (o “perezoso” o “estúpido”).
Un enfoque mucho mejor es abordar el comportamiento específico y dejar los adjetivos sobre la personalidad de tu hijo fuera de él. Por ejemplo, “los sentimientos de Katie fueron heridos cuando le dijiste a todos que no juegue con ella. ¿Cómo podemos hacer que se sienta mejor?”
(otro enfoque que se me ocurre es el de comentarle cómo lo notamos: “Cariño, te noto un poco intranquilo, ¿te pasa algo? ¿te preocupa algo? ¿quieres contarme qué te tiene mal?)

3) Por qué no debemos decir “No llores”

Variaciones: “No estés triste”. “No seas bebé.” “Vamos, vamos – no hay razón para tener miedo” “No pasó nada.”
Pero los niños no se molestan lo suficiente como para llorar, especialmente los niños pequeños, que no siempre pueden expresar sus sentimientos con palabras. Ellos se ponen tristes, se asustan. “Es natural querer proteger a un niño de esos sentimientos”, dice Debbie Glasser, Ph.D., director de Servicios de Apoyo Familiar en el Instituto Mailman Segal para Estudios de la Primera Infancia en Nova Southeastern University, en Fort Lauderdale. “Pero decir ‘no ser’ no hace que un niño se sienta mejor, y también puede enviar el mensaje de que sus emociones no son válidas – que no está bien estar triste o asustado.”En lugar de negar que tu hijo se siente de manera particular – cuando, obviamente lo está – reconocer la emoción en una primera instancia. “Debes haberte sentido realmente triste cuando Jason dijo que no quería ser tu amigo.” “Sí, las olas  pueden dar miedo cuando no estás acostumbrado a ellas. Pero sólo tendremos que estar aquí juntos y hacerles cosquillas en los pies. Te prometo que no te voy a soltar de mi mano.”Al nombrar los verdaderos sentimientos que tu hijo tiene, le das las palabras para expresarse – y le muestras lo que significa ser empático. En última instancia, va a llorar menos y describir sus emociones en su lugar.

4) Por qué no se debe comparar a nuestros hijos

Puede ser que parezca útil para mantener a un hermano o amigo como un ejemplo brillante. “Mira lo bien que Sam se sube las cremalleras del abrigo”, se podría decir. O “Jenna está usando el orinal ya, así que ¿por qué no haces lo mismo?” Pero las comparaciones casi siempre son contraproducentes. Tu hija es ella misma, no Sam o Jenna.
Es natural que los padres comparen a sus hijos, para buscar un marco de referencia sobre sus logros o su comportamiento, dicen los expertos.
Pero no dejes que tu hijo te oiga hacerlo. Los niños se desarrollan a su propio ritmo y tienen su propio temperamento y personalidad. Al comparar a tu hijo con otra persona implica que tú deseas que sea diferente.
Hacer comparaciones tampoco ayuda a cambiar el comportamiento. Siendo presionados para hacer algo que no están listos para (o no les gusta ) hacer puede ser confuso para un niño pequeño y puede minar su confianza en sí mismo. Es probable que también se lo tome contra ti y resuelva no hacer lo que tú quieres, en una prueba de voluntades.
En su lugar, mejor es estimular sus logros actuales: “Oh! has pasado los brazos por el abrigo  por ti mismo!” O “Gracias por decirme que el pañal necesita ser cambiado.”

5) Por qué no debemos gritar: “Tú puedes hacerlo mejor que eso!”

educar las emociones
Como las comparaciones, las presiones  pueden picar de maneras que los padres nunca se imaginan. Por un lado, un niño en realidad puede no haber sabido hacerlo mejor. El aprendizaje es un proceso de ensayo y error. ¿Tu hijo realmente sabía que la bola de  un lanzador sería difícil de atrapar? Tal vez no me pareció del todo, o que era diferente a la que había atrapado con éxito de por sí en el preescolar.
E incluso si él cometió el mismo error que ayer, su comentario no es ni productivo ni de apoyo. Déle a su hijo el beneficio de la duda, y sea específico. Decir “me gusta más si lo haces de esta manera, gracias.”
Frases similares incluyen “No puedo creer que hicieras eso!” y “Ya era hora!” No parecen horribles, pero es mejor no decirlas demasiado. Ellos las acumulan, y el mensaje subyacente que los niños escuchan es: “Eres un dolor en el cuello, y nunca haces nada bien”.

6) Por qué no debemos hacer amenazas

Las amenazas, por lo general  son el resultado de la frustración parental y rara vez son eficaces. Solemos pulverizar catódicas advertencias como “Haz esto o de lo contrario…!” o “Si lo haces una vez más, te pego!” (ay no! no le diría eso! tal vez sí le diría: Me enojo!) El problema es que tarde o temprano se tiene que hacer valer la amenaza o de lo contrario pierde su poder. Se ha encontrado que las amenazas de golpear a provocar más azotes – que a su vez se ha demostrado que no son una forma efectiva para cambiar el comportamiento.
Cuanto más joven es el niño, más tiempo se necesita para que una lección sea asimilada “Los estudios han demostrado que las probabilidades de que un niño de dos años de edad, repita una fechoría más tarde en el mismo día son del ochenta por ciento. No importa qué tipo de disciplina se utiliza “, dice Murray Straus, Ph.D., un sociólogo de la Universidad de Family Research Lab de Nueva Hampshire.
Incluso con niños mayores, no hay una estrategia disciplinaria que produzca resultados infalibles. Así que es más eficaz para desarrollar un repertorio de tácticas constructivas, como la redirección, retirar al niño de la situación, o tiempos de espera, de lo que es confiar en los que tienen consecuencias negativas probadas, así como las amenazas verbales y los azotes.

7) Por qué no debemos decirle: “Ya verás cuando llegue papá a casa”

emociones rabietas de los niños

Este familiarizado cliché de crianza no es más que otro tipo de amenaza. Para ser eficaz, tienes que hacerte cargo de la situación de inmediato, tú mismo. La disciplina que se pospone no conecta las consecuencias con las acciones de tu hijo. En el momento en que el padre llega a casa, lo más probable es que tu hijo en realidad se habrá olvidado lo que hizo mal. Alternativamente, la agonía de anticipar un castigo puede ser peor que lo que merecía la falta original.
Pasar la pelota a otra persona  también socava tu autoridad. “¿Por qué debería escuchar a mamá si ella no va a hacer nada de todos modos?” tu niño puede razonar. No menos importante, tú estás poniendo a tu pareja en un papel de policía malo inmerecido.

8) ¿Qué debemos decir en lugar de “¡Date prisa!”?

Esto es algo que le pasa a todo padre cuyo hijo no puede encontrar sus zapatos o blankie o que no sabe ponerse los calcetines por sí mismo. Considera tu tono de voz cuando  pedimos a un niño que se dé prisa, y con qué frecuencia se le dice.
Si vas a empezar a quejarte, a hacer chillidos, o suspirar cada día, con las manos en las caderas y golpeando los dedos de los pies, ten cuidado. Hay una tendencia cuando estamos presionados a hacer que nuestros hijos se sientan culpables. La culpa puede hacer que se sientan mal, pero no motivar a que se muevan más rápido.
“Me puse tan nervioso en mi casa por las mañanas, odiaba que la última imagen de mis hijos tenían de mí era que estaba enojado”, dice el terapeuta familiar Paul Coleman, autor de Cómo decírselo a tus hijos. “Así que hice un pacto conmigo mismo. No importa qué, no iba a gritarles más o a revolear los ojos, incluso si alguien derramara su zumo o me pidiese que encontrara algo justo antes de salir.” En lugar de acoso verbal (“Te dije que apagaras la televisión hace cinco minutos!”), mejor es buscar la manera de calmar antes de acelerar las cosas (que se apague el propio juego).
(Mi sugerencia -y lo que hacemos con nuestra hija- es explicarle el tiempo que llevará hacer tal cosa o bien, si está entretenida con algo y tenemos que irnos, pues 5 minutos antes, explicarle que nos vamos a ir y que se vaya preparando. Tratamos de no arrancarla de algo que la entretiene sino explicarle, con tiempo, que tenemos que hacer otra cosa, para que ella pueda mentalizarse. Y funciona! La opción B es contar hasta 5. La clave está en siempre cumplir lo que decimos.)

9) ¿Por qué “¡Buen trabajo!” o “¡Qué bueno eres!” no son la mejor alabanza?

¿Qué podría estar mal con la alabanza? El refuerzo positivo, después de todo, es una de las herramientas más eficaces que tenemos los padres. El problema viene cuando el elogio es vago e indiscriminado. Lanzando “¡Buen trabajo!” por cada pequeña cosa que hace tu hijo – desde terminar su leche hasta hacer un dibujo – pierde sentido. Los niños lo detectan enseguida. También pueden establecer la diferencia entre la alabanza por haber hecho algo rutinario o simple y elogios por un trabajo real.
Para salir de la costumbre de tanta efusividad:
  • Alabar sólo los logros que requieren un esfuerzo real. El acabado de un vaso de leche no es suficiente. Tampoco hacer un dibujo, si tu hijo es del tipo que hace decenas de ellos cada día.
  • Sea específico. En lugar de “Buen trabajo” o “Muy bien!”, diga: “Qué colores brillantes y alegres que escogiste para las manchas del perro.” O “Veo que dibujaste una versión del cuento que leímos esta mañana.”
  • Alabado sea el comportamiento en lugar de al niño: “Tú estabas tan tranquilo con tu rompecabezas mientras yo estaba terminando el papeleo, tal como te había pedido.”
¡Cuánto mejor si hubiera dicho esto a mis hijas en lugar de transformarme en un volcán que escupe lava!. Por suerte, estoy segura que conseguiré otra oportunidad mañana.

Gym workouts and sunbathing do more for your brain than crosswords and Mozart


Doing puzzles and listening to classical music might improve your concentration momentarily, but they don’t actually make you any smarter. That is, they don’t improve your long-term brain function, according to The Economist’s interview of Nicholas Spitzer, a professor of neuroscience at the University of California and editor-in-chief of BrainFacts.org.
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“Let me dispel a brain development myth,” Spitzer told The Economist. “Many people think classical music is going to enhance brain function (the Mozart effect) or playing particular games sharpens one’s cognitive function. These theories have been looked at in detail and they don’t stand up. It is disappointing in a way, but what we have learned is that exercise is the key thing for brain function.”
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By exercise, he means general activity and—more importantly—exposure to sunlight. In a recent study (paywall), he found that rats produced different brain-altering chemicals based on environmental factors. He thinks that our brains change their behavior (like “a railway switching yard”) based on environmental factors to help us conserve energy during winter. But when we give in to the evolutionary impulse to stay inside under the covers, we give our brain a further signal that it’s time to use as little energy as possible. This feedback loop, he says, is what causes Seasonal Affective Disorder, a type of depression that affects otherwise healthy people during the dark winter months.
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So to keep your brain at tip-top shape, you should stay active. That gives your body cues to devote lots of resources to cognitive function. Then again, puzzles do help with some specific things, like increasing verbal aptitude (paywall) and helping you learn a new subject more quickly. So as long as you get plenty of time outside, there’s no reason to drop the sudoku.
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And getting into bed, for certain purposes at least, can help brain function, too. A recent study found that female orgasms trigger an increase in blood flow to all regions of the brain, improving overall cognitive performance. Keep that in mind when you’re figuring out how to get that exercise in.

Source: http://qz.com/116105/gym-workouts-and-sunbathing-do-more-for-your-brain-than-crosswords-and-mozart/